Ya no es tan sólo el país de la torre Eiffel o de los Campos Elíseos, el país del Louvre donde sucede la película de El Código Da Vinci, o el país donde todo el mundo cree que nació el croissant aunque naciera en Austria verdaderamente… Francia ha sido el centro de todas las miradas a nivel internacional durante el último año. El país que ha estado en boca de todos y que ha suscitado innumerables debates de todos los colores; tanto morales como políticos. Todos hemos sido París en el último año y a todos nos ha hecho plantearnos temas nada banales como la diferencia de importancia de la vida en el tercer mundo y en el primero, las consecuencias sobre los ciudadanos de las políticas que llevan a cabo nuestros gobiernos… Si bien es cierto todo el contexto agitado en el que se ha visto envuelto este país de la Unión Europea, dejaremos de lado este terreno pasaremos a resumir las conclusiones que saca el Fondo Monetario Internacional (FMI) del informe país sobre Francia para saber si es un buen momento para invertir o abrir un negocio en este romántico país.

Como en toda la Europa del lado Oeste en general, en Francia se aprecia una sólida recuperación en marcha con riesgos a corto plazo globalmente equilibrados con un crecimiento y aumento gradual de la inflación. Esta recuperación se ve apoyada por precios mucho más bajos del petróleo y bajas tasas de interés.

Aunque existen riesgos externos que podrían frenarla o incluso pararla, y es que sin riesgo no hay oportunidad. A continuación, los principales indicadores económicos del FMI para este país.

La France: indicadores económicos del FMI

Se prevé un crecimiento del 1,5% del PIB en 2016 gracias a la mejora de la confianza del consumidor y al acomodado ambiente externo. Pero subirán las exportaciones fruto de la recuperación de la zona euro y el consumo en los hogares se basará en el bajo precio del petróleo. Sin embargo, el desempleo sigue siendo alto y creciente, a pesar de los recortes en la cuña fiscal sobre el trabajo. La consolidación fiscal seguirá frenando el crecimiento a corto plazo.

Se reduce la inflación promedio anual en 2015 y la inflación subyacente levemente gracias a los bajos precios de la energía y a la desaceleración del crecimiento del salario. Sin embargo en 2016 se acelerará la inflación y aumentará un 1,0% (al reducirse la brecha de producción, el impacto de la caída del precio del petróleo sobre la inflación general se desvanece, y los efectos en los precios de la depreciación del euro y la flexibilización cuantitativa – Quantitative Easing, QE en adelante- se hacen sentir con más detalle).

La brecha de producción se reducirá. Con la QE habrá unas políticas económicas más acomodadas, ya que se debilitó el euro y hay una consolidación fiscal más lenta que se proyecta que apoyará la demanda agregada en los próximos años. Esto sumado a las reformas estructurales resulta en un entorno más favorable que mejorará la confianza económica, con un repunte en la inversión empresarial, estabilización y recuperación del sector de la vivienda y consumo privado. Además se espera un crecimiento de las exportaciones dadas las circunstancias exteriores. Todo esto se supone que permitirá un estrechamiento gradual de la brecha de producción y un retorno de la inflación a tasas más normales.

Puede que se dé un crecimiento más fuerte de lo previsto a corto plazo, sobre todo si QE y la mejora de la confianza suponen aumentos de la inversión y las exportaciones. Pero la recuperación puede verse afectada de forma negativa por las posibles pérdidas de confianza (desarrollos geopolíticos o relacionados con Grecia), por repuntes en precios de energía, una pronunciada desaceleración en las economías avanzadas o por aumento de volatilidad financiera.

Los miembros del FMI afirman que, en general, la dirección que ha tomado la política de Francia es adecuada, pero que se necesitan más esfuerzos de reforma para hacer frente a la rigidez estructural que sigue pesando sobre las perspectivas a medio plazo. Este hecho, apoyado por una combinación de políticas macroeconómicas más adaptables, debería reducir la brecha del producto gradualmente en los próximos años.

Sin embargo, el desempleo estructural se encuentra en alza y la competitividad débil. Además, Francia se enfrenta a una tarea de ajuste fiscal muy difícil, con un gasto público que ha alcanzado niveles récord y la deuda sigue aumentando.

Se están tomando medidas por parte de las autoridades cuyo objetivo es frenar el gasto público, reactivar la creación de empleo, y eliminar los obstáculos de crecimiento. Pero no hay que olvidar que el cambio a la consolidación fiscal basada en el gasto es bienvenido y que es necesaria una ruptura decisiva para revertir el crecimiento de la deuda pública puesto que hay un claro riesgo de que las metas a medio plazo puedan pasarse por alto.

El ajuste fiscal debe basarse en medidas estructurales para mantener el gasto real de inicio en 2016. Para ello es necesario establecer un ancla fiscal del crecimiento del gasto primario real cero distribuida adecuadamente entre los niveles del gobierno.

Más medidas para la recuperación

Para seguir la línea de recuperación, Francia deberá garantizar que los objetivos fiscales a medio plazo se cumplen de manera segura y que la deuda se coloque en una clara trayectoria descendente en 2017.

También será necesario basar el gasto de contención en medidas estructurales de mayor calidad sobre la base de evaluaciones regulares del gasto de base amplia en los niveles de gobierno. Esto se traduce en una reforma de la dotación de personal, la racionalización de las instituciones gubernamentales locales, una mejor asignación de los beneficios sociales y un nuevo aumento de la edad efectiva de jubilación.

Sobre la base de las recientes reformas del mercado de trabajo, se requieren esfuerzos adicionales de base amplia para volver a las tasas anteriores a la crisis de la creación de empleo. Las leyes Macron y Rebsamen ayudarán a reducir la incertidumbre jurídica en torno a los despidos y mejorar el diálogo social.

Pero para hacer descender la tasa de desempleo se han de limitar los aumentos en el salario mínimo a la inflación; y fortalecer los incentivos de búsqueda de empleo para aquellos que reciben beneficios de desempleo o de bienestar. Además, el reciente impulso en las reformas del mercado de productos debe mantenerse para eliminar los cuellos de botella del crecimiento.

Por último, se trata el sector financiero, que tiene que seguir avanzando para adaptarse a un entorno económico y regulatorio cambiante. Y destaca que los riesgos de este entorno, y de la dependencia de los bancos de la financiación mayorista, deben permanecer bajo estrecha vigilancia.